Apuntes Ignacianos Vol 84

Espiritualidad Ignaciana

Edición N°83 | Año 28

En esta edición...

«Ayudar» es el término más socorrido por Ignacio de Loyola, para describir las intenciones que brotaban en su interior, después de su conversión en 1522. Ese objetivo estaba ya presente durante su peregrinación a Tierra Santa, en 1523. Sin embargo, ese deseo tan profundo y abarcante no lo pudo poner en práctica de forma inmediata, ni del todo. Y eso, a pesar de que en Manresa, por ejemplo, «se ocupaba en ayudar algunas almas que allí le venían a buscar, en cosas espirituales» (Autobiografía 26, 1).  Al menos en los inicios, el principal medio que el «peregrino» usaba para ayudarlas, consistía en las conversaciones espirituales.

Existe para cada ser humano un camino único e irrepetible, cada persona debe descubrirse a sí misma en su caminar por la vida, para el encuentro con Dios su creador. «Ayudar» en ese camino fue siempre el objetivo que Ignacio buscó. 

Los Ejercicios Espirituales son sin duda el instrumento para «preparar y disponer el ánima para quitar de sí todas las afecciones desordenadas y, después de quitadas, para buscar y hallar la voluntad divina en la disposición de su vida para la salud del ánima» [EE 1] y fue esta la manera privilegiada en la cual se concretó el ministerio espiritual de «ayudar» a las almas.  

En esta revista colocamos al alcance del lector estos mismos deseos, que brotan desde la experiencia, de tal forma que sean una «ayuda» para el devenir personal y, sobre todo, un estímulo en la reflexión y la práctica de una vida en el Espíritu, en medio del mundo en que vivimos y que queremos «ayudar» a transformar.


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